Marcaron una época en los noticieros argentinos. Sus dos nombres se fusionaron en una sola marca registrada. Se casaron después de 25 años de novios. Llevan 37 años juntos y siguen enamorados. La receta del éxito de dos compañeros de vida.
Ellos bien podrían ser la excepción que confirma la regla, o de esos extraños ejemplares en peligro de extinción. Es que las parejas que logran perdurar dentro de este medio son cada vez más escasas y, si a eso le sumamos que no sólo compartieron intimidad, sino años de pantalla y trabajo, Mónica Cahen D’Anvers (81) y César Mascetti (74) protagonizan una historia de amor digna de ser contada.
Llevan 37 años compartidos, desde sus comienzos en la pantalla del noticiero de El Trece, donde consolidaron su romance entre noticia y noticia, y donde también supieron despedirse del mundo televisivo.
Ahora, alejados de la tele, siguen despuntando su amor por el oficio en la radio y todos los días viajan a Capital para hacer el programa. Pero no todo es trabajo, el matrimonio estuvo de paseo por la Costanera, y allí compartieron un almuerzo distendido.
La receta para permanecer juntos y felices no necesariamente son cosas que en muchas relaciones van de la mano, pero en este caso podemos asegurar que sí: es el respeto y la admiración que se tienen.
"Yo a Mónica la tengo muy arriba. No solamente es la mujer de mi vida, sino que es la mejor en la tele, aunque no esté en pantalla hace 13 años. Es insuperable, tanto en la profesión como en la vida. Mónica es una mujer verdaderamente excepcional, y yo tuve la suerte de cruzarme en su camino", se le escuchó decir a César.
Y ella aporta detalles que confirman eso de que los opuestos se atraen:
"César y yo tuvimos la suerte de encontrarnos tarde. Los desastres y las muchas equivocaciones ya las habíamos cometido. Eso ya te da un buen comienzo. Segundo, somos la antítesis. César piensa, yo hago. Si los dos pensáramos estaríamos en la cama tomando mate e imaginando el futuro". Pero claro, esto no es lo que pasó, ya que juntos proyectaron y concretaron el sueño de tener una estancia en San Pedro, La Campiña, que se dedica al agroturismo y a la citricultura, no sólo fue su refugio en momentos de mayor exposición, sino que sigue siendo su lugar en el mundo: "San Pedro es nuestro mundo. A pesar de que pasamos muchas horas en Buenos Aires, es nuestro mundo sin duda alguna. No hay elixir de la vida superable al de tener proyectos", aseguran. Hay que tomar nota y aprender de estos “dos viejos felices” como ellos mismos se denominan.

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